Por Daniel Enrique Butlow (*)
El día D parece haber llegado. También la hora D, es decir, la hora de desembarcar el famoso guiso de carne, con el que imprudentemente he decidido sorprender a mis amigos.
Como es mi primer guiso, no me caben dudas sobre la sorpresa, sólo que aún, no sé si será para bien o para mal.
La cocina luce impecable, y la mucama se ha esforzado por comprar y ordenar todos y cada uno de los ingredientes que componen la receta que mis asesores culinarios me han enseñado.
En paralelo y con urgencia debo revisar un complejo contrato de arquitectura. También el escritorio luce impecable, y también mis asistentes se han esforzado por enviarme todos y cada uno de los ingredientes que deberé utilizar para aplicar mis propias recetas sobre el acuerdo…
Cocina 20:05 . Gracias a nuestra directora de procuración, dispongo de una excelente cacerola de teflón, que evitará la desgracia de que todo quede pegado al fondo. También me ha recomendado, que use sólo fuegos mínimos.
Escritorio 20:09. Mi cliente tampoco quiere quedar pegado, especialmente, con un contrato en que los honorarios que percibirá son los mínimos que marca el arancel. Habrá que redistribuir las etapas de pago.
Cocina 20:11. No recuerdo si para sellar la carne va primero el morrón o la cebolla. Agrego el diente de ajo aplastado, y por las dudas, corto en tiritas y pongo todo junto.
Escritorio 20:13. Para sellar el programa de necesidades del comitente, una cláusula dá por aprobado el anteproyecto, y otra distribuye la fase intelectual del proyecto en dos etapas: básico y de ejecución. Aquí, no es bueno poner todo junto…
Cocina 20:17. La carne empieza a tomar color. Ahora hay que agregar el filetto. Huele bien.
Escritorio 20:22. No huele bien la dirección de obra. Es por contratos separados, y no hay honorarios pactados por la difícil tarea de conducir gremios.
Biblioteca 20:23. Consulto el libro de un viejo maestro. Algo le falta a mi receta… del contrato.
Cocina 20:25. Debo cambiar el filetto. Esta marca es muy espesa. Agregaré caldo de verduras.
Escritorio 20:28 (tal vez 20:29). Agregaré una cláusula que permita resolver las diferencias en caso de disputas espesas. Creo conveniente el camino de la mediación.
Cocina 20:32. Media lata de lentejas, media de arvejas, y otra media de porotos es lo que indica la receta. Parece poco, pero cuando uno es ignorante cumple las reglas y no se permite lujos creativos o discrecionales.
Baño 20:35. Las verdaderas urgencias jamás deben ser demoradas…
Escritorio 20:37. Crearé una cláusula especial, por la que quede establecido que sólo se firma como constructor a los fines del registro de los planos. Al fin y al cabo, estoy ayudando desde el principio a que mi cliente no mienta.
Cocina 20:42. Pimienta es al final, porque parece que se potencia durante la cocción. Además, me doy cuenta de que me olvidé el ají molido y el laurel.
Escritorio 20:47. Jamás dormirse en los laureles. Olvidé tratar el régimen de la variación de precios. Ello rebajará los honorarios, que son de por sí bajos. Inserto una cláusula especial.
Cocina 20:52. Mi guiso luce gustoso, pero demasiado seco. Es claro, he olvidado el vino blanco que incluso descorché, antes de abrir las latas. Agrego.
Escritorio 20:56. El contrato también luce gustoso. Falta ahora el resguardo de los derechos intelectuales, que serán regidos por la ley 11.723 y el Tratado de Berna.
Living 21:02. Llamado de mi hija con una difícil consulta jurídica. Me relajo y le hablo sobre mi receta culinaria…
Cocina 21:44. El guiso está quemado. Busco el imán de la pizzería en la heladera.
Living comedor 22:30.- La cerveza checa “Staropramen” acompaña la pizza a la piedra de espinaca y quesos que disfrutaran mis invitados. Mañana insistiré con el guiso, y también con el contrato…
(*) Abogado y Profesor Titular Honorario de Arquitectura e Ingeniería Legal.-
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