Por Daniel Enrique Butlow (*)
“... a propósito de la desregulación...”
Debo confesarlo; estamos más locos que nunca y eso es mucho decir. La publicación del decreto de desregulación ha provocado un alud de consultas, de quejas, de amenazas, de sospechas que nunca habíamos vivido y que para colmo nos toca vivir ahora, justa al borde de las vacaciones.
Ya nos hemos expedido públicamente sobre el tema a través de reportajes, artículos y conferencias pero al tiempo de seguir analizando lo que ha sucedido, siento la necesidad de consultar a especialistas, a gente en la que yo confío, por la calidad de su juicio sumada a la honestidad de su pensamiento.
Estoy solo y en esa soledad, Séneca me recuerda que vuelva a releer los libros que alguna vez enriquecieron mi espíritu y que permitieron que me equivocara menos de lo que merezco equivocarme...
La tarea parece vana. Los libros que me rodean han sido escritos por hombres que ya están muertos y que vivieron su vida en otros tiempos y bajo otros cielos... o será que los tiempos y los cielos son siempre los mismos?.. Veamos:
-Qué método utilizar para analizar la desregulación?
-Cualquiera; cualquiera legítimo donde como señalaba Le Corbusier pueda diferenciarse claramente el producto de la razón del producto de la pasión. Las nuevas normas deben servir para unir no para separar, solo que ahora la unión deberá ser hecha con libertad y no bajo coacción.
-Pero acaso la arquitectura es una ciencia regulada ?
-Alvar Aalto interrumpe rápidamente mis meditaciones. Desde "La humanización de la arquitectura " , me señala que la arquitectura no es una ciencia a pesar de los esfuerzos para cientificar sus métodos. Dice que la arquitectura sigue siendo el gran proceso sintético de combinación de miles de funciones humanas definidas y agrega que su propósito sigue consistiendo en armonizar el mundo material con la vida humana.
-Desde la biblioteca un Viñola parece quejarse. El ha señalado que es necesario acostumbrar los ojos de los principiantes, con reglas fijas e invariables a formas y disposiciones de un estilo puro, correcto y agradable.
-Agrega como para que no queden dudas que sólo el estudio de los órdenes puede hacer con el tiempo, excelentes arquitectos...
-Le Corbusier vuelve a pedir la palabra y reitera una vez más lo que siempre ha dicho. Si tuviese que enseñar arquitectura empezaría por prohibir los órdenes, por poner fin a ese palabrerío hueco de los órdenes, a ese desafío increíble a la inteligencia....
-Trataré de no desaprovechar la presencia de Le Corbusier. Qué opinión tendrá de los entes que agrupan a los arquitectos?
Al parecer buena. Dice que con la creación de la "Orden de los Arquitectos" el 26 de enero de 1941 se establece un marco de autoridades responsables que encerrará a la miríada de hijos abandonados que diseñaban hasta ese momento las casas de Francia. Agrega que aún está todo por hacer y que debe comenzarse por el estatuto del arquitecto que definirá sus prerrogativas y deberes en justo equilibrio bajo un código indispensable, no ya sólo para preparar el estado mayor del ejército de constructores, sino también para restablecer la dignidad de la profesión.
-Aparece en la escena Wright. Conociendo su temperamento, me voy preparando para sus respuestas.
-Fue usted atacado por las agrupaciones profesionales ?
-Qué le parece jovencito? La sociedad del Oeste de Ingenieros Norteamericanos me previno innecesariamente que mi plan para los cimientos de Hotel Imperial no ofrecía seguridad y el Instituto Americano de Arquitectos que pasó por Tokio cuando el edificio estaba casi terminado, tomó nota y publicó artículos en los diarios afirmando que la obra era un insulto a la arquitectura norteamericana, notificando a mis clientes y al mundo en general, que todo eso se derrumbaría con el primer sismo, con una horrible pérdidas de vidas.
-Cómo ve usted las relaciones entre el arquitecto y su cliente?
-Ningún hombre puede construir para otro que no confíe en él, que no crea en lo que él cree y que no lo haya elegido por su confianza, al saber lo que es capaz de hacer. El cliente busca un interprete, un hombre que cuente con la técnica para expresar lo que él mismo desea pero no puede hacer.
-Trato de volver al tema de las reglas, de la regulación, y busco afanosamente su opinión sobre las normas de edificación. Centímetros más arriba encuentro la respuesta: Wright dice que los códigos de edificación de las democracias incluyen, naturalmente, sólo lo que la generación anterior a ella sabía o creía acerca de la edificación, y la generación posterior descubre que ese código es un obstáculo.
-Alguien debe contestar la pregunta relacionada con los honorarios profesionales. Tal vez pueda Gropius.
-Qué opina usted sobre este tema?
-Opino que, como arquitectos no debemos engañamos en cuanto ala fuerza de nuestra posición actual a los ojos de nuestros clientes. El cliente medio parece considerarnos como miembros de una profesión de lujo, a quienes puede llamar si dispone de algún dinero superfluo que destina al "embellecimiento" de su casa.
-Le pido que complete la idea; quiero conocer con exactitud su opinión puntual sobre los honorarios profesionales. La respuesta no se hace esperar...
-A menudo cuestionamos la sanidad del punto de vista comercial de nuestras actividades, cuando advertimos que cuanto mayor el ingenio y más duro el trabajo que consagramos a disminuir los costos, tanto más nos vemos castigados con un menor pago. El cliente, por otra parte, supone que debe ser interés material del arquitecto aumentar deliberadamente el costo de la construcción, pues así aumentará también sus honorarios, sobre la base de su porcentaje. De modo que a menudo trata de llegar a un arreglo por un honorario global y fijo. Por supuesto, debemos oponernos a esa tendencia del cliente, totalmente injusta para nosotros; pero eso no resuelve el espinoso problema en ninguna de las direcciones. Aquí radica; en verdad, nuestro mayor dilema ético. A menudo produce desconfianza por parte del cliente, debido a su inherente injusticia para ambas partes; incluso hace que muchos clientes se abstengan por completo de buscar nuestros servicios.
Han pasado algunas horas. Vuelvo a desconcentrarme. Mañana intentaré escribir sobre desregulación, como me lo había propuesto. Ahora sé que no estaré tan solo...
(*) Abogado y Profesor titular honorario de arquitectura e ingeniería legal.
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