El precio más bajo
 

 

   

Por Valeria Elizabeth Nerpiti (*)

El comienzo de un nuevo siglo viene acompañado de una necesidad de cambio, tratando de aprender de las experiencias pasadas para mejorar las acciones del futuro. Sin embargo durante el período de transición es difícil encontrar la brújula que indique el camino a recorrer.

 

Las personas se convierten en comitentes de un proyecto de arquitectura cuando, después de soñar durante mucho tiempo con el cambio, la remodelación o la vivienda propia, recurren al profesional que pueda hacer realidad ese sueño.

Muchas veces, estos comitentes son los primeros en cometer el gravísimo error de no elegir el profesional que pueda interpretar cabalmente cuáles son sus necesidades, gustos, preferencias, modo de vida y posibilidades económicas, traspasando a un papel lo que han imaginado. Buscan, en cambio, aquel profesional que responda con el valor más bajo a la pregunta ¿a cuánto el M 2 ?

 

Claro está que no todos los profesionales responden igual. Para quienes son partidarios de poner punto final a un círculo vicioso que se ha generado en el mercado, podrán copiar lo que un amigo en un alejado pueblito, respondió cuando entraron los comitentes a su estudio de arquitectura:

Comitente: “Buenos días arquitecto, ¿cuánto me cuesta el M 2 ?

Arquitecto: Por esta semana se me terminaron, buenos días”

Puede parecer muy sarcástico pero a veces es necesaria la comparación para llegar a entender, que no se compra el M 2 de arquitectura como el M de tela. Si pensamos en un vestido de novia (algo con lo que también se sueña durante mucho tiempo) éste puede realizarse con retazos, con papel de diario o con la mejor pieza traída de Italia o Francia. Está en uno la elección.

 

Buscar en el mercado de la construcción quién pueda ofrecer con lenguaje similar el producto buscado, al más bajo precio no es sinónimo de buena calidad ya sea en cuestión de diseño o de materiales. De hecho en lugar de buscar un arquitecto o ingeniero para construir la casa debería buscarse a un mago.

 

Cuando comienza el romance arquitecto-comitente , los dos quieren concretar lo que tienen en mente. El arquitecto hará lo mejor posible con el valor del metro cuadrado cotizado, aquel al que se comprometió y acordó con el comitente, y éste verá como día a día su casa avanza y no es lo que imaginó; lo que observa no es aquello con lo que había soñado durante tanto tiempo. Los dibujitos del arquitecto no eran como lo que se contruye.

Al recorrer los espacios vé frustradas sus necesidades; se dá cuenta que en realidad la superficie cubierta, debería aumentar en un 30 %; que la escalerá molesta, que la carpintería tiene terminaciones defectuosas, etc., el profesional no se negará a realizar los cambios y modificaciones en el proyecto porque éstos son considerados “adicionales”.

 

Ese es el momento en que comienza el conflicto de intereses y hace, además, su brillante aparición el “YA QUE ESTAMOS”; “...al dormitorio podríamos hacerle un vestidor; si subimos 0,80 m más los muros podemos tener un playroom para que jueguen los niños; si abrimos aquí tenemos mayor vista ...” lo que nunca queda en claro para los comitentes es que, las variantes aumentan el costo pensado, programado y cotizado por el arquitecto.

 

Mucho menos quedará en claro cuáles son los honorarios profesionales por aquellos adicionales. La respuesta es sencilla, sobre los metros adicionales, si nada se pacta, se aplica el arancel profesional que rige en cada lugar; pero será e l comitente quien crea que es un horror lo que le ha sucedido, que el profesional quiere cobrarle de más, que él entendió que estaba todo incluido, que no le alcanzará el dinero, que se siente estafado, etc., en definitiva no querrá entender el significado de la popular frase: “consiga el precio más bajo y verá la diferencia”.

 

La decisión de encomendar una obra es demasiado importante en la vida de una persona, de una familia o de un grupo de personas para que los malos entendidos o la inexperiencia frustren el proyecto.

A la hora de elegir un profesional a quien contratar y encarar una obra primero elija con los sentidos y luego con el bolsillo, seguro no se equivocará.

 

(*) Abogada y Arquitecta.

 

 

 

 

 
     
   
 
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