Riesgo Urbano
 

 

   

Por Valeria Elizabeth Nerpiti (*)


Las preocupaciones diarias hacen que nuestras caminatas por la ciudad sean monótanas e indiferentes.

Las construcciones de viviendas, locales, edificios, obras en construcción, etc., conforman el llamado entorno urbano y es precisamente éste el que puede estar descuidado, viejo, deteriorado, agrietado o nuevo y reluciente detrás de un maquillaje escenográfico.

 

Pero debemos tener en cuenta que parte de los límites de la perspectiva que tenemos al caminar, son estas fachadas de diferentes estilos y colores, con volúmenes entrantes y salientes, con carteles, marquesinas y balcones que invaden la vereda formando un techo virtual en nuestro recorrido.

 

Todas las construcciones parecen estar en silencio e inmóviles, excepto para los que podemos interpretar su lenguaje pudiendo descifrar cuál es la rajadura que indica el asentamiento de la construcción, la sobrecarga del edificio, la presencia de raíces de algún árbol, la incorrecta fundación; cuál es la humedad que proviene de los cimientos, de un caño fisurado, del deterioro de los muros envolventes del edificio, de la cubierta o azotea, del desagüe pluvial; cuál es la corrosión de hierros y armaduras que revisten riesgo y urgencia de reparación, etc.

 

Quienes nos especializamos y profundizamos en el estudio de las manifestaciones constructivas, podemos advertir la ruina parcial evitando el colapso de derrumbe.

Pero, parecería ser que sólo se intenta observar y verificar las construcciones cuando la escalofriante ola de pánico por la caída de un balcón, el desprendimiento de una placa de piedra a nueve metros de altura, la caída de una marquesina, etc. llega a nuestros oídos por los medios de comunicación pasando a formar parte de todos los diálogos y comentarios.

 

A veces, la memoria suele ser frágil o tenemos olvidos intencionales. Con el correr de los días todo se tranquiliza y volvemos a olvidar que los edificios necesitan un continuo mantenimiento, debiendo, necesariamente reparar todas aquellas zonas críticas, ya que, si se realizan a tiempo pueden evitar daños y costos mayores.

 

¿ Cuántos de los balcones por los que caminamos sobre y debajo de ellos tienen rajaduras y fisuras?, ¿ Cuántos tienen la estructura a la vista total o parcialmente corroida?, ¿ Cuántos están invadidos por la humedad?, ¿ A cuántos se les desprende material?, la respuesta es, “ a casi todos” pero eso no significa que es normal, que ese es el estado natural con el marcado paso de los años, sino que son advertencias, gritos de auxilio de la construcción, signos y señales que acusan el paso del tiempo y la falta de cuidado, justificando una correcta inversión en mantenimiento.

 

Los responsables de mantener y cuidar el edificio son quienes deben tomar conciencia y las medidas necesarias, asesorándose para prevenir el deterioro total que cause daños, tal vez irreparables.

 

Si se piensa que todo es cuestión de edad de la construcción, se caería en un grave error, las obras nuevas necesitan cuidado y mantenimiento desde el comienzo de la obra misma, mientras que el resto no sólo necesita mantenimiento sino reparación y reconstrucción.

 

Por lo tanto no debe olvidarse que en cuestiones de seguridad la economía no forma parte de los componentes en la ecuación de vida.

 

 

(*) Arquitecta – Abogada.

 

 

 

 

 
     
   
 
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